Qué hacer
El primer ajuste tiene que ver con la velocidad. Las guías clínicas generalmente recomiendan una pérdida de entre 0,5 y 1% del peso corporal por semana como objetivo sostenible. Por encima de ese rango, aumenta el riesgo de pérdida de masa muscular y de los efectos asimétricos que describíamos antes. Si estás perdiendo más rápido, puede ser necesario revisar las calorías o la frecuencia de las dosis con tu médico.
El entrenamiento de resistencia cumple un rol fundamental. Varios estudios, incluyendo uno de Jensen y colaboradores publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, han demostrado que el ejercicio de fuerza ayuda a preservar la masa muscular durante períodos de restricción calórica. Esto no solo mejora la composición corporal en términos estéticos, sino que mantiene el metabolismo activo y protege la función física.
La evaluación de composición corporal, preferiblemente por bioimpedancia o por absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA), ofrece datos más precisos que la simple balanza. Saber cuánto de lo que se pierde es grasa y cuánto es músculo permite hacer ajustes informados.
Finalmente, la conversación con el médico sobre la dosis es un paso que muchas personas postergan. Si los cambios en la distribución de grasa son marcados, reducir ligeramente la velocidad de la pérdida puede ser suficiente para que el cuerpo se ajuste de forma más equilibrada. No se trata de abandonar el tratamiento, sino de calibrarlo.
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