Los péptidos de cobre aparecen en cremas, sueros y, en algunos mercados, en viales que prometen bastante más. El caso más estudiado es el GHK-Cu, pero la etiqueta cubre productos muy distintos entre sí. En este repaso queremos separar qué evidencia existe sobre los péptidos de cobre, qué falta comprobar y en qué punto su uso deja de ser cosmética para convertirse en un asunto de seguridad.
Qué evidencia existe sobre los péptidos de cobre, qué falta comprobar y en qué punto su uso deja de ser cosmética para convertirse en un asunto de seguridad.
¿Qué es realmente el GHK-Cu?
El GHK-Cu es un tripéptido formado por glicil-L-histidil-L-lisina, unido a un ion de cobre(II). Es ese complejo el que aparece en la mayoría de los trabajos. Si quieres ver su estructura y su peso molecular, la ficha de la sustancia en PubChem, la base de datos química de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, es el punto de partida más fiable.
El nombre genera confusión. Bajo la etiqueta de «péptido de cobre» se venden cosméticos tópicos, a veces con concentraciones que nadie publica, y viales inyectables sin registro sanitario. Compartir el nombre no significa compartir composición, calidad ni riesgo.
Tampoco es lo mismo que un suplemento de cobre mineral, como el sulfato o el gluconato de cobre. Esas formas se comportan de manera distinta en el organismo y sus dosis responden a necesidades nutricionales. Un complejo péptido-cobre tiene otro perfil y otro uso, así que compararlos como si fueran intercambiables lleva a conclusiones equivocadas.
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