Marta vio el anuncio una noche, mientras esperaba a que se calentara la cena. Era un vídeo de treinta segundos: una persona sonriendo con un parche en el brazo y un texto que hablaba de péptidos «de última generación». Hizo clic, pagó y, tres días después, tenía un sobre pequeño con un parche dentro y muy poca información más. Ahí empezaron sus dudas. ¿Qué había comprado exactamente? ¿Qué garantizaba que el contenido coincidía con lo que decía la etiqueta? ¿Y era prudente ponérselo sin preguntar a nadie?
Si alguna vez te has topado con parches de péptidos en redes sociales o en una tienda online, probablemente te has hecho preguntas parecidas. Este texto no pretende decidir por ti si el formato funciona. Lo que sí ofrece son criterios prácticos para mirar con calma lo que tienes delante: qué tipo de parche es, qué datos debería mostrar un vendedor, qué estatus regulatorio tiene y qué conviene llevar a una consulta profesional.