Cuando se suspende el GLP-1, el hambre regresa de manera abrupta. El mecanismo que suprimía el apetito desaparece, pero las adaptaciones metabólicas que se acumularon durante el tratamiento no se revierten a la misma velocidad. El metabolismo basal queda más bajo que antes de iniciar la medicación. Los hormonas de hambre, como la grelina, permanecen elevados. Estudios muestran que una porción considerable del peso perdido regresa dentro de los 12 meses siguientes a la suspensión.
Esto no es falta de fuerza de voluntad. Es biología. La obesidad tiene característica de enfermedad crónica, y los GLP-1 funcionan precisamente porque tratan esa condición de forma continua.
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