Cuando empiezas a usar un agonista de GLP-1, ocurre un cambio silencioso en tu cuerpo: empiezas a excretar más agua y sales minerales por la orina. Es el efecto diurético natural del medicamento. Sin que lo notes, los niveles de electrolitos pueden bajar y empiezas a sentir fatiga, calambres, mareos o dificultad para concentrarte.
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