Por qué ocurre: las causas principales
La restricción calórica extrema es el factor más obvio. Cuando el cuerpo recibe menos energía de la que necesita, prioriza las funciones vitales y deja en segundo plano las funciones expendibles. La regulación del ánimo es una de ellas. El cerebro opera con glucosa; cuando el suministro baja de forma abrupta, el estado mental se resiente. No es casualidad que la irritabilidad sea tan común en dietas muy agresivas, con o sin medicamento de por medio.
La desregulación de neurotransmisores es la segunda pieza del rompecabezas. Como ya se mencionó, la señalización GLP-1 interactúa con el sistema dopaminérgico. La dopamina no solo maneja la recompensa; también participa en la motivación, la concentración y la respuesta al estrés. Cuando su actividad se modifica, los efectos van más allá del placer de comer menos.
Las alteraciones del sueño representan un tercer factor que a menudo se subestima. Muchas personas en tratamiento con GLP-1 reportan dificultad para dormir, lo cual genera un círculo vicioso. Dormir mal empobrece la regulación emocional al día siguiente. A su vez, la falta de sueño aumenta los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y reduce la sensibilidad a la insulina, lo que complica aún más el control metabólico.
Las fluctuaciones del azúcar en sangre, sobre todo en quienes combinan el tratamiento con ajustes dietéticos, también influyen. Glicemias que suben y bajan de forma abrupta generan liberaciones de adrenalina y cortisol que se traducen en nerviosismo, sudoración, temblor y una sensación de alarma que no siempre tiene una causa externa. En el siguiente apartado se profundiza en este vínculo.