En los primeros días después de la primera inyección, es común sentir que finalmente encontraste algo que funciona. La saciedad llega rápido, la comida pierde un poco de atractivo, y el número en la báscula empieza a moverse. Pocas semanas después, una parte importante de esas mismas personas ya abandonó el protocolo. El motivo rara vez es un fracaso del medicamento. La mayoría de las veces es una suma de expectativas mal calibradas y efectos secundarios que nadie advirtió que eran normales.
Estudios con agonistas del GLP-1 muestran que la tasa de abandono en las primeras doce semanas es considerable. Entender qué lleva a esto no es desánimo. Es preparación.